CARLOS ZUBIAGA (I)

(Entrevista de Fermin Rotaetxe a Carlos Zubiaga en enero de 2008)



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Lo que son las cosas. A Carlos Zubiaga Uribarri, uno de los músicos bilbaínos más queridos y admirados, ni siquiera se le había pasado por la cabeza tocar en un conjunto.

Y... lo que son las cosas, la mili, esa gran destructora de conjuntos fue, de alguna manera, promotora y escenario de sus primeras actuaciones en un grupo. Pero a Carlos la devoción le venía de antes... Era cosa de familia...

... Aunque la guitarra no fue tu primer instrumento...
No, mi primer instrumento fue la armónica en el colegio y después, con 15 ó 16 años el acordeón, que me lo compró mi tía abuela, que era una gran melómana. Empecé a aprender a tocarlo casi al mismo tiempo que la guitarra.

Y ahí supongo que tuvo mucho que ver tu tío Juan Mari.
Por supuesto. Entonces vivíamos juntos; él era un gran guitarrista y yo siempre estaba atento cuando tocaba. Era como un esponja intentando empaparme de todo lo que hacía. En aquellos días él tenía un grupo de rondallas y otro de armónicas... y también tocaba solo y daba clases. Sin duda mi tío Juan Mari -«Tío Pete», como le llamaba- ha sido mi maestro en todos los aspectos.

Y también el mío. Cuando yo tenía 14 ó 15 años y estudiaba en los Maristas de la Plaza Nueva tuve la suerte de ser su alumno en las clases de guitarra que daba allí (también enseñaba acordeón). Juan Mari Uribarri era una persona estupenda y un gran profesor que sabía estimular el amor por la música. No me extraña que convivir con él produjese en Carlos un interés definitivo, especialmente, por la guitarra.

¿Cómo eran aquellos días?
Mi abuelo tenía una tienda de ultramarinos en la calle Ascao y allí, en la trastienda, se juntaba mi tío con unos amigos y sus grupos musicales. Tenía un grupo de rondallas que tocaban cosas típicas de rondalla pero también tenía un grupo más moderno que tocaban cosas americanas de libros americanos que le llegaban con cuentagotas. Cuando recibía uno, se pasaba una semana sin ver a nadie.

Fue una adolescencia llena de acordes y partituras pero sin apenas contacto con esa corriente Rock que paralelamente estaba invadiendo la ciudad. La 'contaminación' llegó más tarde.

LOS PRIMEROS FAMÉLICOS

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¿Cuándo te encontraste con el mundo Pop?
Pues mira, yo no tenía intención de hacer ningún conjunto ni nada. Es más, con 21 años me fui a la mili y hasta entonces no había estado en ningún grupo... cuando lo normal era que con 16 ó 17 años ya te juntases con otros. Yo no conocía a nadie; estaba totalmente separado del mundo artístico "moderno".

Pero en la mili, en Madrid, coincidí con Luis Cuezva, que también tocaba la guitarra y un día se nos ocurrió: "Oye, ¿por qué no hacemos un grupo para el día de las fiestas del cuartel?..." "¡Ah, vale, venga!..." Y empecé a montar voces allí mismo, con una guitarra...

Y surgieron «Los Famélicos»
Eso es. Fue la primera formación de Famélicos: Luis Cuezva, yo y dos chicos de Barcelona.

¿Recuerdas qué tocasteis en vuestra primera actuación?
No me acuerdo muy bien, pero creo que una de las que cantamos fue «Tintarella di luna», y luego con un micro que me pusieron a la guitarra toqué «El tercer hombre», un instrumental que también tocaba mi tío. Y la cosa salió bien, así que Luis me dijo: "Bueno, en cuanto nos licenciemos yo te llamo y hacemos un grupo". Yo no lo tenía muy claro y dije que bueno... que ya veríamos... 

Pero aquello, que solamente parecía el típico propósito de la mili que se esfumaba al volver a la vida normal, fue el comienzo de la historia...

Así que tú no pensabas en dedicarte en serio...
¡Qué va!... cuando nos licenciamos ya ni me acordaba. Además, yo trabajaba en telégrafos. Era jefe de negociado. Había hecho unas oposiciones en Madrid y estaba bastante bien situado para aquel tiempo. No tenía ninguna preocupación por dedicarme a la música ni nada por el estilo. Era feliz con mi trabajo y mis cosas.

Pero...
Pero, efectivamente, poco después de acabar la mili recibo una llamada de Luis Cuezva que me dice: "Qué pasa... ¿me voy a Bilbao y hacemos un grupo?..." No recuerdo si le dije que sí inmediatamente pero al final acepté... y Luis, que por su trabajo en Telefónica estaba destinado en Zaragoza pidó el traslado a Bilbao y se presentó aquí.


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Ahora la cosa sí que iba en serio... aunque había un problema. Eran sólo dos y necesitaban más gente. Pero Carlos estaba muy desconectado del mundillo local y Luis, que era de Ezcaray, más aún.

Así era. Teníamos que empezar, pero... ¿cómo lo hacíamos?... Yo no estaba metido en ningún ambiente. No conocía ni a Txabi... bueno, a Txabi, sí porque que le había visto con Soroak en un concurso que ganaron en el Arriaga en el que, por cierto, me deslumbraron... Pues eso, a Txabi sí le seguí un poco la pista, pero quizá fuese el único... Ah, y a los Optimistas, que viéndolos fue la primera vez que me fijé en el sonido de bajo y me causó una gran impresión... Pero eso era todo. No conocíamos a nadie más.

¿Y qué hicisteis para buscar gente?...
Pues la solución más directa: ¡Poner un anuncio en el periódico!...

¡Un anuncio en el periódico!...
Sí, pusimos un anuncio que decía: «Se necesita cantante que toque la guitarra»

Pero... ¿erais dos y queríais hacer un grupo de tres?...
No sabíamos muy bien cómo organizar la cosa. Pensábamos que si tocaba la guitarra, pues también podría tocar el bajo... cosas así...

Eso sería a mediados de los sesenta...
Sí, sería en el 64 ó 65...

¿Bueno, y qué pasó con el anuncio?
Pues que llama un chico y me dice algo como:
"Yo canto y toco la guitarra... ¡Y muy bien!... Si tengo una buena base soy increíble"

Entonces quedamos en la cafetería Milan de la calle Buenos Aires y le pregunto:
"Pero... ¿cómo nos conocemos?"

Y él contestó muy solemne:
"¡Los artistas nos conocemos enseguida!..."

Era Tony Landa... Y quedamos con él.

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En realidad, en esa época, Tony aún no era Tony Landa. Era Antonio Santisteban, un bilbaíno (de Matiko) que desde muy joven demostró que cantar era lo suyo. Muy buena voz y un gusto extraordinario. Y, por si fuera poco, buena presencia y una seguridad que parecía hecha especialmente para los escenarios. Era perfecto para el proyecto... como cuenta Carlos:

Yo entonces trabajaba en una oficina de telégrafos que estaba en Otxarkoaga y al lado había un piso que utilizábamos para ensayar. Pues allí vino Tony y empezó a cantar. No hicieron falta muchas pruebas; nos entusiasmó a la primera... ¡Ya está... Admitido!... 

Y al segundo día de ensayo me llama por teléfono y me dice: "Oye, que va a venir un amigo mío que toca un poco la guitarra... ¿no os importa que esté en el ensayo?..." y el amigo en cuestión era Oscar. Vino y empezó a tocar una de los Brincos y yo pensé "¡Buenooo... qué ritmo tiene este tío!..."

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Pero... ¿tocando con el bajo?...
No, no, con una guitarra haciendo rítmica. Entonces le comenté: "Oye, Oscar, tú podrías tocar el bajo, porque te veo mucho ritmo y creo que lo puedes hacer perfectamente"... Y dijo: "Oye, pues sí, de acuerdo"... Y así se quedó... y luego estaba Maxi a a batería que no recuerdo exactamente cómo entró pero creo que ya estaba en aquel momento.

¿Seguisteis con el nombre de los Famélicos, como en la mili?
Sí, Los famélicos de la Mili, como he dicho, éramos Luis, yo y los dos chicos de Barcelona. Se nos ocurrió el nombre allí y lo mantuvimos cuando llegué a Bilbao.


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Y así comienza la historia de los Famélicos: Tony de cantante, Carlos y Luis a las guitarras (aunque Carlos -como muchos 'ex-acordeonistas'- pronto se encargaría también del órgano), Oscar al bajo y Maxi a la batería. Y ahora... ¡A trabajar!...
Empezamos a ensayar inmediatamente en un convento de monjas que había en Zabalburu, cuando no estaban las torres. Allí nos dejaron estar y comenzamos a preparar todo lo que había de moda, aunque sin Beatles, que aún no les habíamos descubierto.

Pero supongo que pronto los incorporaríais, ¿no?... Pocos grupos de la época pasaban de los Beatles...
Por supuesto. Supimos de los Beatles porque Tony tenía una amiga en EEUU que le mandó por correo dos o tres LPs de la edición americana. Aquello fue emocionante. Fue un descubrimiento que nos cambió.

¿Qué otras cosas hacíais?
Pues aparte de Beatles todas las clásicas que había, que sonaban en la radio y se prestaban a nuestro estilo... Beach Boys, canciones con buenas armonías... y también soul, que Tony cantaba soul de maravilla.

¿Y las actuaciones?
Debutamos en una verbena en Busturia y cobramos, creo que 3.000 ptas. Fue la primera vez que cobramos. Y tuvimos éxito. El grupo sonaba bien.

También estuvimos tocando en las matinales del Arizona una buena temporada. Y con bastante éxito. Cuando tocábamos Beatles, la gente alucinaba. Es que era algo distinto... Para todos.

¿Quién montaba las canciones?
Pues en la parte de armonías, digamos que yo, quizá porque ya tenía más experiencia... pero todos ponían su parte. 



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¿Y de instrumentos?... También conocisteis la 'Era Jomadi', ¿no?
Si, claro, como casi todos empezamos con las Jomadi... y Oscar con el bajo Hoffner violín de Paul Mc Cartney y luego, cuando empezamos a tener algo de dinerillo, fuimos a Madrid a casa «Maxi» que luego se separó y fue «Leturiaga».

Yo compré una Gretch, que todavía la tengo. Fantástica guitarra. Luis una Fender de 12 cuerdas fabulosa que también la conservo y Oscar un bajo de 8 cuerdas que era increible, con el que grabamos "Es muy fácil" y "Aleluya" que le daba un toque distinto. Tenía un sonidazo... 

También te diré que el primer Hammond que entró en Bilbao lo compré yo. Me costó 220.000 ptas. Eso el órgano y luego 90.000 más del leslie. Hay que saber lo que ese dinero significaría hoy. Vamos, que se puede deducir que estábamos locos. No nos importaba entramparnos hasta las cejas... y lo mismo pasaba con los amplis, por ejemplo el AC-100 Vox que compré en Leturiaga me costó 100.000 Ptas... de los años sesenta, insisto. Luego Luis cogió un AC-50 y Oscar otro Vox de bajos. ¿Y cómo lo pagamos?... Pues como pudimos, pero, sobre todo, gracias a que estuvimos trabajando en «Seis estrellas» durante once meses seguidos. Y tocando todos los días...

Aquella larga temporada de «6 Estrellas» fue especialmente significativa. No sólo porque les sirvió para financiarse nuevos y mejores instrumentos, sino porque fue cuando llegaron los primeros cambios. Cambios de personas y cambios de nombre. Miembros de «Los Famélicos» se mezclaron con los de otro grand conjunto de la época, «Los Espectros» y como resultado surgió la primera formación del grupo de pop-rock más importante y con mayor proyección de la historia del Rock de Bilbao: LOS MITOS.


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